El equipo de Brian Clough llegó a Maine Road en octubre del 1979 aún disfrutando de la gloria por haberse coronado campeones de Europa.
Aquel equipo extraordinario había ganado la liga inglesa en la temporada 1977/78 (la única vez en la historia del club) y dio continuidad a ese logro con el éxito en el continente, venciendo al Malmo en la final.
El City, por su parte, había terminado cuarto en la temporada en que el Forest fue campeón de la Division One, pero sufrió para alcanzar la 15.ª posición al año siguiente y fue eliminado en los cuartos de final de la Copa de la UEFA por el Borussia Mönchengladbach, quien terminaría ganando el trofeo.
Clough, uno de los mejores entrenadores en la historia del fútbol inglés, había formado un equipo que combinaba talento y disciplina, llevándolos desde la segunda división hasta el éxito en la Copa de Europa.

Aquel conjunto contaba con la velocidad del extremo John Robertson, atacantes ágiles como Garry Birtles y Tony Woodcock, la técnica en el mediocampo de Martin O’Neill y John McGovern, y la solidez defensiva de Larry Lloyd, Viv Anderson y el guardameta Peter Shilton.
A esa mezcla se sumaban el exjugador del City, Ian Bowyer, y el delantero Trevor Francis, quien más tarde recalaría en Maine Road.
Sin embargo, a pesar de todos sus éxitos en casa y en el extranjero, el Forest no había logrado ganar en sus dos visitas anteriores a Moss Side desde su regreso de la Division Two. De hecho, ni siquiera habían conseguido marcar en ninguna de ellas.
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Por su parte, el City contaba con su propio mago europeo en nuestras filas: la superestrella polaca Kazimierz Deyna, un jugador que había quedado tercero, sólo por detrás de Johan Cruyff y Franz Beckenbauer, en el Balón de Oro de 1974.
Deyna llegó al club en 1978, tras la disputa del Mundial de Argentina de aquel año, con la reputación de ser uno de los centrocampistas más dinámicos del fútbol europeo.
Aunque acababa de cumplir 31 años, Malcolm Allison y Tony Book vieron en él al jugador capaz de aportar un toque de clase a una plantilla ya de por sí potente.
Los problemas de forma física al inicio de su etapa en el City, sumados a los retrasos por trámites burocráticos, hicieron que su arranque fuera complicado. Sin embargo, rápidamente se convirtió en uno de los favoritos de la afición en una época en la que los resultados no acompañaban sobre el césped.

El Forest era un equipo peligroso, pero el City también era capaz de crear problemas con un núcleo de jóvenes canteranos que incluía a Dave Bennett, Nicky Reid y Tommy Caton.
Finalmente, logramos abrir el marcador al principio de la segunda mitad gracias al brillante Deyna. El delantero Michael Robinson envió un centro que el polaco controló antes de darse la vuelta y soltar un disparo que batió a Shilton.
Joe Corrigan, el suplente de Shilton en la selección inglesa, tuvo que intervenir entonces para realizar un par de grandes paradas, manteniendo a raya a los visitantes y logrando que el Forest encadenara tres partidos seguidos sin marcar en Maine Road.
Fueron dos puntos de oro, como se otorgaban entonces, y el prestigioso logro de vencer al mejor equipo de Europa, que siete meses más tarde volvería a defender su corona continental.