El Manchester City regresa a un estadio en el que no gana desde hace quince años.

Ocurrió, por última vez, en 2003, con Nicolás Anelka como estrella del partido. El delantero francés logró los dos goles con los que el City remontó el tanto inicial de Milan Baros para los scousers. Lo hizo transformando un penalti que él mismo provocó a falta de un cuarto de hora para el final. Y en el descuento. Robbie Fowler, al primer toque para Shaun Wright-Phillips, al primer toque para Anelka, y al primer toque, gol. En el 93.

Hace quince años de aquella penúltima tarde de liga. Más habían esperado los cityzens para vencer en Anfield. Para encontrar la última victoria, previa a la de 2003, hay recordar nombres como Asa Hartford o Kevin Reeves. Uno abrió el marcador, y el otro hizo el definitivo 1-3 con el que el Manchester City vencía al Liverpool a domicilio. Fue el Boxing Day de 1981.

Dos victorias en 37 años convierten al hogar del equipo rojo del Liverpool, en un feudo poco accesible para el equipo azul de Manchester.

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Hubo dos precedentes la pasada campaña. Y en efecto, ninguno bueno. El más reciente fue la visita para disputar la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones. Había grandes expectativas entorno a los celestes. No se cansaban de ganar, acechaban récords, y estaban ante la posibilidad de acceder a semifinales del torneo continental y de levantar la Premier League ante el Manchester United en casa. El 3-0 con el que los de Klopp se impusieron marcó el inicio de una semana dramática. Tres derrotas en siete días para dejar un regusto agrio a un dulce final de temporada.

Antes ya habían recorrido las 35 millas que separan el Etihad de Anfield. Lo hicieron a principios de 2018. Leroy Sané igualó, al borde del descanso, el tempranero tanto con el que Alex Oxlade-Chamberlain había abierto el marcador.

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Luego, un aspecto negativo y otro positivo. El Liverpool se llevó el partido en ocho minutos. Los que transcurrieron entre el 2-1 de Roberto Firmino y el 4-1 de Mohamed Salah. Aunque los puntos se quedaron a orillas del río Mersey, la reacción de los de Pep Guardiola en los últimos minutos, para ponerse 4-3 e incluso gozar de una último opción para empatar muestra el ejemplo de lo que el City debe hacer para sacar algo provechoso el domingo: intensidad y control.

Si la pasada temporada fue la de romper récords, la presente es la de acabar con maldiciones. Anfield, allá va el Manchester City.