Colin Bell, uno de los mejores jugadores de la historia del Manchester City, ha fallecido a la edad de 74 años.
Bell sumó 492 con el Club durante 13 años, en los que anotó 152 goles. Colin Bell, además, fue internacional con Inglaterra en 49 ocasiones.
Sus números con el City y la selección se vieron mermados por una grave lesión de rodilla sufrida en 1975.
Junto con las leyendas contemporáneas, Bell es considerado como uno, si no el mejor jugador que ha tenido el Manchester City.
Comenzó su carrera en el Bury donde su talento adolescente se convirtió en el faro de un equipo del que pronto sería el capitán.
Marcó 25 goles en los 83 partidos jugadors con los Shakers y sus actuaciones llamaron la atención de un buen número de equipos de Inglaterra.
El técnico del City, Malcolm Allison necesitó tiempo para que los dirigentes del Club reunieran las £47,500 para poder abonar su traspaso al Bury mientras seguía sus evoluciones desde la grada junto a otros observadores que ponían en duda el coste del traspaso.
Esperando el momento de poder afrontar el traspaso, ‘Big Mal’ cuestionaba todos los aspectos del juego del joven de 20 años, afirmando distraídamente y lo sucifientemente alto para que todos lo escuchasen: “No puede pasar”. “No puede hacer tackles y no es bueno por arriba”.
Se desconoce si alguien se dejó engañar, pero Allison ganó el tiempo suficiente para que City alcanzara el precio de venta de Bury.
Vestido con el ‘10’ en la espalda, debutó ante el Derby County el 19 de marzo de 1966 y marcó uno de los goles en la victoria 2-1 en una muestra del talento que el City había descubierto.
Jugó los once partidos restantes del curso en los que el equipo no conoció la derrota y logró el ascenso como campeón de la Division Two con un holgado margen.
Bell siempre formó parte del equipo durante su primera temporada completa y terminó como el máximo goleador, siendo centrocampista, con una docena de goles, en una temporada en la que el City finalizó en una discreta decimoquinta posición. Solo fue una pequeña puesta en escena de lo que estaba por venir.
Cambió de dorsal durante sus primeros 18 meses y la camiseta número ‘8’ se convertiría finalmente en suya y, tras una campaña completa en la máxima categoría, se dispuso a cambiar el rumbo del equipo, al igual que muchos de sus compañeros de equipo.
Francis Lee llegó al City en la temporda 1967/68 para convertirse en la pieza que faltaba al entramado ideado por el dúo de técnicos Mercer-Allison.
El City ganó el título de liga por primera ocasión en 31 años con un Bell sobresaliente a lo largo de toda la camapaña. Estba, literalmente, en todas partes y los seguidores adoraban su capacidad atlética y una resistencia en apariencia ilimitada que lo llevaron, sin discusión, a ser elegido el Mejor Jugador de la Temporada 1967/68.
Bell era el corazón palpitante del equipo y junto a Lee y Mike Summerbee, formó la legendaria “Santísima Trinidad” de jugadores que llevaron al Club a una cotas de exito entonces todavía desconocidas.
Esa temporada, Collin Bell se estrenó además con la selección de Inglaterra. Sus 48 ‘caps’ en varias décadas representaron un récord para el Club.
Sus goles nunca llegaron en finales y rara vez ocupaba los titulares, algo muy similar a lo que pasaría con David Silva años más tarde, y mantenía similitudes con el estilo de juego de Kevin De Bruyne. Era un futbolista fantástico y también un hombre tranquilo fuera del campo, nunca buscó la adulación o la cobertura mediática, a pesar de que se lo había ganado con creces. De hecho, siempre rechazó ser el centro de atención.
Junto a Summerbee, Lee y Dolye, terminaría con la oposición de la prensa y algunos aficionados. Bell transitó en el silencio, dolorosamente tímido, prefiriendo dejar que sus pies hablaran, ¡y cómo hablaban!
Oportunamente, se ganó el apodo de un caballo de pura sangre y bailarín de ballet de renombre mundial, “Nijinsky”, y los aficionados del City corearon “Colin el Rey” al ritmo del popular éxito de la época “Lily the Pink”.
Fue al Manchester City lo que Geroge Best fue el Manchester United, un chico brillante, intocable, el hijo pródigo. Con el paso de los años su influencia se hizo todavía más evidente y aunque prensa y expertos aseguraran que el fichaje de Rodney Marsh costó al City el título de liga de 1972, a pocos les llamó la atención que el equipo solo ganara cuatro de los nueve partidos que Bell se perdió por lesión.
Colin Bell fue un jugador leal al City y nunca se especuló lo más mínimo sobre su marcha. Los grandes éxitos de finales de los sesenta comenzan a disminuir y los grandes de Europa deseaban al ‘8’, que apenas se perdió tres partidos de liga en tres temporadas y media.
Luego llegaría la infame eliminatoria de la Copa de la Liga de 1975 con el Manchester United y el momento grabado de forma indeleble en la mente de todos los que lo presenciaron. Bell, que atacaba el extremo de Platt Lane de Maine Road, no sabía qué hacer cuando se acercaba a Martin Buchan en el borde del área de los Red Devils. Optó por recortar hacia adentro y fue fuertemente derribado por un jugador del United. El impacto destruyó la articulación de su rodilla y supondría, casi a todos los efectos, el fin de su carrera.
Regresó a finales de la temporada y otra vez se topó con la dureza de los rivales, en esta aocasión, Ray Kennedy. La entrada sufrida en la victoria 3-1 del City ante el Arsenal en Maine Road, alejaría a Bell de los terrenos de juego durante 18 meses en los que trabajó intensamente para recuperar la mejor forma.
En silencio y estoicamente, continuó el largo y doloroso camino de recuperación, recorriendo las calles alrededor de Maine Road mientras recuperaba la movilidad, antes de que finalmente estuviera en condiciones para regresar a los entrenamientos.
Bell se perdió la temporada 1976/77 íntegra y el equipo de Tony Book terminó segundo detrás del Liverpool, a un solo punto. Pocos dudaban de que con un Colin Bell en plena forma, el título habría regresado a Maine Road esa temporada.
Regresó a los terrenos de juego en la segunda parte de un emotivo encuentro contra el Newcastle en el Boxing Day de 1977 y recibió quizás la ovación más emotiva jamás presenciada en Maine Road cuando una multitud de más de 45.000 personas se pusieron de pie para saludar su pura sangre y determinación para superar las adversidades que se habían apilado en su contra.
La presencia de Bell aquella tarde estimuló a sus compañeros y el City se llevó el duelo ante las Urracas por un contundente 4-0.
Pudo jugar de forma esporádica después de aquello, pero nunca pudo recuperar su mejor nivel. Las lesiones mermaron su despliegue físico. Los entonces exhuberantes desplazamientos sobre el césped parecían ahora costosos y dolorosos.
Su valentía, sin embargo, fue admirada por todos en el fútbol y en el City, fue venerado como ningún otro jugador antes que él.
Probó suerte brevementeen los EEUU, pero poco después colgaría definitivamente las botas. Regresó al Citu como parte del cuerpo técnico del equipo juvenil y posteriormente fue condecorado MBE, como miembro de la Orden del Imperio Británico, en 2004, por sus servicios al fútbol y el Club reconoció su contribución al nombrar una de las gradas del City of Manchester Stadium como ‘The Colin Bell Stand’ ese mismo año.
Nos deja una verdadera leyanda del Manchester City. Descanse en paz.