Era un partido muy exigente para los hombres de Manuel Pellegrini en plena lucha por el título con el Liverpool en la recta final decisiva.
A falta de sólo tres partidos para el final de la temporada, y con el Liverpool esperando que sus vecinos cercanos les hicieran un favor, Ross Barkley dio al Everton el inicio soñado al conectar un espectacular disparo con efecto desde más de 20 metros que se coló por la escuadra.
Sin embargo, al más puro estilo de los campeones, el City se reorganizó y respondió con clase.
Sergio Agüero marcó para igualar la contienda 11 minutos más tarde, antes de que Edin Dzeko cabeceara de forma soberbia un centro de James Milner para dar a los Skyblues una ventaja crucial antes del descanso.
El delantero bosnio volvió a ver puerta para ampliar la ventaja de los visitantes al principio de la segunda parte, pero el drama aún no había terminado.
Agüero se vio obligado a retirarse por una lesión, mientras que un remate de Romelu Lukaku recortó la distancia y dio paso a un final de infarto.
Sin embargo, el City se impuso y aseguró una victoria por 2-3 y dar así otro paso de gigante hacia lo que acabaría siendo su segundo título de liga en tres años.
Fue un resultado crucial y apenas la segunda victoria liguera del City en Goodison Park en 15 visitas, lo que ilustra aún más la magnitud del triunfo.
Lo más importante de todo es que también significaba que encadenar victorias frente al Aston Villa y el West Ham en nuestros dos últimos partidos aseguraría que el trofeo de la Premier League regresara al Etihad.
“Fue una prueba muy grande. Estábamos seguros de que tendríamos que hacer un muy buen partido contra un equipo muy bueno”, declaró después un satisfecho Pellegrini.
“Es un paso enorme hacia la conquista del título”.
“Mi mensaje fue el mismo que tras la derrota en Liverpool: la liga no ha terminado”.